Love me, please

Solo eramos compañeros de clase, apenas nos conocíamos, hasta que me introduje por completo en su vida. Metiéndome en sitios indebidos, descubriendo todos sus secretos, quitando capa por capa esa faceta de chico extrovertido, simpático y sin preocupaciones.

Todo empezó un lluvioso día de otoño. Ambos estábamos sentados en la parada del bus esperando, él y yo, las únicas personas del lugar. El silencio gobernaba esa calle de la ciudad, a excepción del goteo de la lluvia contra el cristal del techo que nos resguardaba y algún que otro coche que pasaba. El autobús llegó, el interior estaba repleto de gente, apenas habían asientos libres, me senté en uno, seguidamente el chico que había esperado conmigo también hizo lo mismo. Durante el trayecto, las personas subían y bajaban, empecé a observar mi alrededor, y como era de esperar, no pude evitar observar de reojo el chico que se había sentado a mi lado, el muchacho iba en mi clase, se llamaba Kyle Hernández y poco más sabía de él, me fijé en sus manos, me di cuenta que llevaba ambas muñecas vendadas, lo que me llamó la atención y me ocasionó cierta curiosidad. Cuando se dio cuenta que mi mirada estaba puesta en sus vendas, rápidamente las escondió bajo las mangas de su chaqueta negra con un movimiento natural, fingiendo que no se había dado cuenta que lo observaba.

Una vez más estábamos los dos solos, al parecer nos dirigíamos hacia la misma dirección tras bajar del bus. En ese momento yo llevaba mi paraguas, pero a él la lluvia ya lo había empapado completamente.

-¿Me estás siguiendo? -Preguntó de pronto deteniéndose y dando media vuelta, clavando su mirada fijamente en mí.
-¿Cómo que te estoy siguiendo? Mi casa está por aquí. -Contesté algo ofendida.
-Claro, así que era eso… Bueno, adiós. -Se despidió y aceleró su paso.
-Oye, esperame, ¿puedo preguntarte algo? -Dije yo también acelerando el paso hasta ir a la misma velocidad que él, mientras ponía el paraguas a su altura, protegiendo a ambos del diluvio que caía.
-Ya lo has hecho, así que adelante. -Contestó fríamente, sinceramente era la primera vez que lo veía actuar de esa forma, sin esa alegre sonrisa que siempre rebosaba en su cara.
-Esas vendas… ¿Te autolesionas? -Pregunté sin rodeos.
-No, nunca haría eso. -Negó sin ningún tipo de expresión.
-Me estas mintiendo, si ese fuera el caso, ¿por qué llevarías vendadas tus muñecas? -Seguí preguntando, pero no obtuve ninguna respuesta, se había quedado sin palabras.
-No te metas en donde no te llaman, ¿no te has dado cuenta aun que no me caes nada bien? -Efectivamente, el chico que estaba caminando conmigo bajo la lluvia se autolesionaba, era obvio.
-Se lo voy a informar a tus padres, ¿lo sabes verdad?
-¡Déjame en paz, no me molestes y aléjate de mí! -Dijo ya muy enfadado, tanto que incluso me dio un empujón haciendo que me cayera al suelo y el paraguas que anteriormente estaba bajo mi agarre fuera directamente llevado por el viento.
Él suspiró y me asesinó con la mirada, mirándome con tal odio que hubiera sido capaz hacer llorar a un niño pequeño. Pero en ese momento había algo tenía muy claro y era que no dejaría que se fuera tan tranquilo después de hacer que me mojara de pies a cabeza.
A toda prisa me levanté y corrí tras de él, iniciando así una pequeña persecución por las calles de Barcelona, pero cada vez estaba más lejos, él también empezó a correr al notar que le estaba persiguiendo, cuando me quise dar cuenta ya era una silueta inalcanzable a la lejanía. Me detuve en seco, no podía más, estaba jadeando así que apoyé mis manos sobre mis rodillas mientras dejaba mi respiración volver a la normalidad, levanté la cabeza observando donde me encontraba, descubrí que no estaba lejos de mi casa, caminé hasta ésta esperándome lo peor, daba por hecho que mi madre me mataría por llegar de esa catastrófica forma a casa. Hacía tiempo que la lluvia había cesado pero yo seguía mojada, estaba delante la puerta de mi casa, saqué las llaves y abrí la puerta.
-¡Ya llegué! -Grité una vez dentro.
-Melody cariño, me podrías hacer el favor de… -Se había quedado sin palabras, me iba a matar. -¿¡Pero qué te ha pasado!? -Exclamó furiosa. -¿Cómo es que vienes con esas pintas de loca, eh? -Me estaba mirando con seriedad, pero al ver que no respondía, soltó un suspiro de cansancio y me ordenó. -¡Vete a dar un baño ahora mismo! Sea lo que sea que te haya pasado no quiero saberlo, estoy demasiada cansada para escuchar tus historias.

Era temprano, me dirigía hacia la parada del bus dirección a la escuela, me puse mis auriculares y me sumergí en mis pensamientos, mientras observaba atentamente la espalda del chico que caminaba delante mío.
Como ya os habréis dado cuenta, yo, Melody Sánchez, era una persona muy observadora y curiosa, que le gusta meterse en asuntos que no eran de su incumbencia, pero sobretodo era alguien que cuando algo se le metía en la cabeza definitivamente obtendría un resultado que le dejase satisfecha y en ese momento, Kyle Hernández era la persona que me producía más curiosidad de todo el mundo, así que si yo decía que iba a conseguir que me explicara todos sus problemas, era que lo iba a hacer.
Repentinamente me choqué contra alguien, lo que hizo que saliera de mis pensamientos de inmediato.
-¿Sabías que seguir a la gente es de mala educación? -Me informó el anterior mencionado muchacho, Kyle.
-¿Y sabías que yo no te estaba siguiendo? -Le respondí con otra pregunta.
-Agh, eres insoportable. -Gruñó el chico.
No le respondí y seguí caminando.

No habíamos vuelto a hablar en todo el día durante las horas de clase, hasta que me lo encontré en la parada del bus.
-¿Algún día me explicarás? -Pregunté cuando me senté en el banquillo de la parada justo a su lado.
-No. -Seco, frío, así era su respuesta y así era la manera como me hablaba.
Subimos al bus, igual me senté a su lado.
-¿Cuál es la razón? -Seguí preguntando, pero no recibía ninguna respuesta.
Pregunté sin parar, pero él me ignoraba, bajamos del autobús y seguía preguntando cosas. Hasta que sin darme cuenta, llegué delante el portal de un edificio.
-Vete, ya he llegado a mi casa, no quiero que te me acerques, eres muy pesada, molestas mucho. -Me ordenó.
-No me iré. -Reproché.
Entré dentro del edificio pero él me empujó hacia el exterior, dejándome a fuera. Bufé y me fui de ese lugar estresada.

Habían pasado unos cuantos días, sabía su dirección exacta, se lo pregunté a su mejor amigo que me respondió con total naturalidad. Me encontraba delante la puerta de su casa, llamé el timbre y antes de que abrieran la puerta se escucharon unos gritos. Kyle me miraba sorprendido, creo que nunca se hubiese imaginado que podía llegar a estar allí, delante la puerta de su casa, pero su expresión de sorpresa no duró mucho, rápidamente se transformó en enojo, abrió la boca y pensé que iba a gritarme, pero no para mi suerte no fue así.
-¿Qué haces aquí? Vete, no puedes estar aquí. -Parecía nervioso, como si no quisiese que estuviera parada en frente de su casa.
-¡Hijo, quién es esta chica! -Gritó un señor mayor con una barriga cervecera, arrastrando las palabras, estaba borracho.
-Nadie. -Contestó y cerró la puerta delante de mis narices.
Volví a llamar el timbre, estaba decidida, hoy por fin iba a ser el día en el que supiese la respuesta de la pregunta que tanto me intrigaba desde un principio, pero esta vez no fue Kyle quien me abrió, si no el hombre ebrio.
-¡Qué quieres niña! -Me gritó rabiado.
-Me gustaría ver a Kyle, ¿me dejaría pasar por favor? -El señor abrió paso y refunfuñó molesto.
Subí las escaleras y vi una habitación con un cartel de no pasar y en letras minúsculas ponía Kyle. Llamé la puerta pero nadie me respondió, abrí y me encontré al chico tumbado encima de su cama en modo pensativo, tenía un cúter entre sus manos e iba jugando con él.
-Ya que viniste a mi casa expresamente para saber la razón de esto. -Dijo mientras sacaba la cuchilla y la pasaba por su piel, haciendo que sangrara y gotas resbalaran por su piel.
Corrí hacia él y le quité el cúter de su agarre, evitando que siguiera haciéndose daño a sí mismo.
-La razón, es todo. -Una sonrisa burlona apareció en su rostro. -Principalmente, porque estoy solo, completamente solo, luego está que mi padre es un alcohólico que está todo el día ebrio y mi madre… Bueno, ya ni siquiera la considero mi madre, nos dejó a ambos por otro hombre con más dinero y fortuna, más atractivo y sentido del humor. -Explicó.
-Pero no estás solo, siempre estás rodeado de personas y siempre sonríes, parecías feliz.
-¿Feliz? Ingenua. -Se burló. -No todas las sonrisas son verdaderas, muchas son fingidas y el hecho de estar rodeado de gente no significa que te sientas menos solo, ya que en esas personas no puedo confiar, son falsos amigos que en la peor situación te abandonan y te dejan… Solo. -Siguió explicándome.
-¿Sabes? Yo podría ser tu amiga. -Le dediqué una sonrisa mientras lo decía.
-Eso es mentira, aunque seas mi amiga no permanecerás siempre a mi lado. -Me miró con despreció y dijo. -Y no creo que seas una persona fiel.
-Yo prometo por todo lo que tengo que seré tu amiga y que siempre te seré fiel, con la condición de que nunca más uses algo para hacerte daño a ti mismo.
-Supongo que no me puedo negar, ¿amigos? -Sonrió verdaderamente.
-Amigos. -Contesté sonriendo y ambos reímos.

Pasaron meses y nos habíamos hecho cada vez más amigos, pero algo pasó. Alguien se interpuso en nuestra amistad y ese alguien era un nuevo chico de intercambio, llamado Paul Anderson un británico que había venido a estudiar por unos meses. Empezamos a hablar, y también nos hicimos amigos, pero no me di cuenta que poco a poco dejaba cada vez más de lado a Kyle, ni tan solos me di cuenta que había vuelto a autolesionarse, básicamente ya no hablábamos.
Un día me llamó por teléfono y me dijo tantas cosas que había quedado algo confundida, lo único que sabía era que tenía que ir a su casa inmediatamente, y a lo largo de la conversación me había reprochado varias veces que había roto mi promesa, él lloraba desesperadamente, me dijo que era el final y se despidió de mí, en ese momento temí todo, temía que hubiera cometido alguna locura, cuando me colgó mi corazón iba a mil por hora, el miedo invadía mi cuerpo. Había quedado con Paul, pero me olvidé de todo y me centré en Kyle, corría a toda velocidad hacia su casa y al ver que a fuera del portal estaba lleno de policías y una ambulancia mi alma murió, caí al suelo y lágrimas salieron de mis ojos.
-¿Señorita Melody? -Preguntó un agente acercándose a mí, asentí la cabeza y me tendió un papel doblado. -Encontramos esto, él quería que lo leyeras.
Desdoblé el papel, era una carta donde decía:

Un mar de lágrimas caía sobre mi rostro, ¿qué tan doloroso podía ser perder a algún ser querido? Mucho, estaba claro, mi corazón se estremecía y sentía inmensas ganas de gritar, no me había dado cuenta de cuánto lo amaba hasta que lo perdí para siempre…

Mònica Ye